SITUACIÓN DE CRISIS EN EL EJECUTIVO
A partir de julio de 1834, la inestabilidad política se hizo muy evidente. Debido a los problemas económicos y militares causados por las guerras carlistas, se desató una epidemia de cólera que provocó una violenta reacción contra la Iglesia, quemándose muchos monasterios al correr los rumores, y se decía entre las clases bajas que los sacerdotes habían envenenado el agua. Las revueltas fueron muy sangrientas en Cataluña, en ocasiones con participación ludita (destrucción brutal de las máquinas de artesanos y obreros). En este contexto, Martínez de la Rosa dimitió en junio de 1835, presionado por los liberales progresistas, en gran parte instigadores de las sublevaciones. Le sustituyó José María Queipo de Llano, conde de Toreno, quien, a pesar de la represión, no pudo reprimir las manifestaciones del liberalismo progresista.
Tres meses después, en septiembre de 1835, Toreno dimitió y llegaron al poder los liberales progresistas, con el banquero y empresario Juan Álvarez Mendizábal al frente del poder ejecutivo. Al adoptar formas de gobierno autoritarias de facto, Álvarez Mendizábal emprendió una serie de reformas destinadas a desmantelar el viejo orden y fortalecer el estado libre. Entre otras medidas, estableció consejos de condado, reorganizó la milicia nacional y suprimió la Mesta.



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